Perfil: MFK Fisher y comidas para mí

  • Solo un puñado de escritores gastronómicos han logrado acercar a todo el mundo la gastronomía.
  • Mary Frances Kennedy Fisher, fue quien bendijo a miles de chefs y paladares con nada más que palabras.

Esta escritora puso el sabor y deleite en las letras. Enseñó a comer bien, a hacerlo en solitario y en su mundo, en el siglo pasado, enseñó sobre: Gastronomía. Rescató la belleza útil de las papas; pasó horas y días intentando retratar el sabor de las ostras y de hacerlas parte de una alimentación básica para el ser humano. Y hoy, su devoción por el buen comer es transmitida a través de críticos gastronómicos que la idolatran y en un libro que compila lo mejor de su trabajo. El Arte de comer.

Mary Frances Kennedy Fisher (1908-1992; cocinera y escritora) es descrita como “una norteamericana de aspecto frágil y delicado capaz de desnudarse con inusitada belleza, tras una larga vida de venturas y desventuras”, indica David de Jorge, chef y periodista español que realizó el prólogo del libro de Mary, editado por Debate y Penguin Random House.

Gracias a esta autora, aprendí a descartar mis miedos y prejuicios sobre los alimentos. Me inició en los mariscos, pero fue con algo específico, las ostras. Nunca antes había probado algo tan salado y suave, lo que me hizo sentir un pequeño shock eléctrico entre los carrillos. Mary, al igual que yo, era francófila.

En un artículo en francés hace unos años leí que, si ella hubiera nacido en Francia, habría sido en la misma ciudad donde estaba el chef que ella más admiraba, a Brillat-Savarin. Y la entiendo, él era un filosofo gastronómico, era como apreciar a Aristóteles, pero en gran medida a uno que defiende a todos por igual.

“Le plaisir de la table est typique de tout âge, classe, nation et époque– El placer de la mesa es propio de cualquier edad, clase, nación y época”, lo dijo en Physiologie du goût, un libro que marcó un antes y un después en la vida de Mary. Ella habría sido una francesa de Aix.

Pero antes de todo eso, MFK Fisher, en su tierna infancia vivía en una hacienda cuáquera y un día, un compañero le dio un chocolate. Al probarlo sintió varias sensaciones extremas y agradables, con el paso del tiempo se les conoció a esas sensaciones como “a una conexión casi vascular entre la comida y el enamoramiento”, como le dijo a su amiga Julia Child.

La motivación de Mary Frances comenzó en 1929, cuando se mudó a escondidas de su familia, a Francia con su primer esposo, Alfred Young Fisher. Ambos se matricularon en la Universidad de Dijon, aprendieron el idioma y se iniciaron con los vinos borgoñeses.

¿Que hacía Mary en Francia?

“Allí pasó los siguientes años de su vida descubriendo lo que se podría calificar como una cultura epicúrea. Aprendió a combinar el amor por la comida con la pasión por la escritura. Bella e impetuosa, Fisher bebía vinos borgoñones, bordeleses y también jerez, aprendía el idioma francés y comía de todo lo que hasta entonces no había probado, caracoles, soufflés y patatas fritas en mantequilla de verdad. Mientras tanto se preocupaba de tomar notas.” Cuenta Luis Alonso, periodista gastronómico.

Por si fuera poco, Orville Prescott, un escritor del New York Times dijo sobre ella en 1942, en su reseña de “Cómo cocina un lobo”, que los escritores gastronómicos no eran reconocidos, sino hasta que MFK Fisher había decidió hacerse presente con su estilo tan particular. Para Mary, era mucho más que comer, era observar al ser humano en su forma real.

Aún en la década de los años 30’ seguía en Francia y sus objetivos en ese momento de su vida eran sobrevivir con una pequeña pensión y las constantes crisis que debió atravesar en Francia, con todo esto logró escribir y poco a poco le abrieron paso por el país galo. Además, cultivó amistades que usó durante toda su carrera como personajes recurrentes en sus historias.

Constantemente se preguntaba, así como lo hizo Séneca, “¿Cuándo vamos a vivir si o es ahora?”. En el ensayo gastronómico sobre las bondades de comer rico sin importar la hora. A quienes lo leímos, nos mostró a una Mary jubilosa en “Comidas para mí”, del libro ‘Sírvase de Inmediato’ publicado en 1937.

En el mismo ensayo nos insta y llama, “Si al Tiempo, siempre premioso, le gusta que los seres humanos mueran, llenémoslo con buena comida y buena charla, y unjámoslo con los perfumes del convite”.

Para esta autora, se trata de algo parecido a como vimos la vida de Julia Child en la película del 2009 con Meryl Streep, Julie and Julia. Ambas eran muy reales, directas y con grandes sueños por cumplir. Viviendo al máximo. Amando plenamente. Sintiendo para sanar.

Fue así mismo, viviendo de esa manera, como Fisher obtuvo un James CookBook Award. Premio de la fundación homónima que reconoce a chefs, restauranteros, autores y periodistas en Estados Unidos por su aporte a la gastronomía.

En mi experiencia personal con Mary Frances, nació al leer “A…de cenar A solas”. Este tratado es parte de ‘Un Alfabeto para Gourmets’ y parte de El arte de comer. En diciembre del 2019 salí del trabajo con dirección a la carpa de la librería Universitaria en Metro Universidad de Chile.

Si bien comencé a leer unas páginas al azar, lo primero que pensé tras unas líneas fue << Quiero ser más como ella >>. Más descarada. Más alegre. Más bizarra y con su alta autoestima. Nadie más podría decir algo tan certero como “Y estoy sola cuando, en vez de elegir a alguna de las personas que conozco, me elijo a mí misma”. Lo escribió a finales del siglo pasado y sigue más vigente que nunca, como una heroína feminista.

Con sus andanzas, podría decirse que el trabajo literario de Mary es casi el de una filóloga aplicada a la gastronomía, pero sin la formación más que de la vida. Tal como lo indica Pilar Salas Durán, periodista gastronómica en su artículo en 7 Caníbales, “la descripción que hace Fisher de un plato que le ha gustado con el que ha tenido lo que denomina la experiencia gastronómica completa, llega a alimentar al lector”.

Y con todo eso, el trabajo de esta foodie está logrando ser conocido en el habla española a más de veinte años después de su muerte y cumpliendo objetivos como educar a las personas y ayudar a que perdamos el miedo que hay frente a un plato desconocido.

“Si un cambio de acercamiento a lo básicamente brutal satisfacción del hambre puede volver a un hombre más pleno, a una mujer más pacífica y a un niño más feliz; ¿por qué habría yo, la persona que indujo ese cambio de sentir el impulso definitivo y feliz de hacer proselitismo?” dijo Mary Fisher en el prólogo de ‘Un alfabeto para gourmets’ en 1949.

Lo dio todo en un trabajo que no es fácil. A veces pasaba días duros junto a sus hijas, como el suicidio de su segundo esposo, Dillwyn Parrish. Incluso, el nacimiento de su primera hija Anna, a quién trató como adoptiva, la llevó a lugares inesperados buscando nuevos objetivos íntimos, apasionados y balanceados. Solo como Mary Frances Kennedy Fisher sabía hacer.

Sabrina

Sabrina

Persona consciente, booklover, feliz. Educación continua y más.
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