#Review SANFIC 2020: «Tres Seis Cinco» La estética de una violencia silenciosa

Una nueva versión de uno de los festivales de Cine más importante de nuestro país que durará hasta este 23 de agosto viene cargada de películas interesantes para ver estos días, todo gracias a Fundación CorpArtes.

“Inés es una mujer terca y decidida. Sigue un sueño de forma obcecada. La meta que se ha impuesto la aleja de sus seres queridos y la lleva hasta el límite, a transitar por el filo de la navaja. Sin opciones, Inés se ve obligada a continuar su vida en la calle. Camina sin rumbo. Busca y rebusca su lugar en un mundo insensible. Tanto la primera noche que debe pasar en la calle como el primer cigarrillo que toma del suelo son trozos de dignidad que se desprenden de su persona. La marginalidad, el acoso y el desprecio es su realidad. El abismo siempre está al acecho, esperando que Inés se precipite”.

SANFIC, https://digital.sanfic.com/film/tres-seis-cinco/

En la sección “Funciona especial” se encuentra la película española “Tres seis cinco”, producida por Sala46 Films, dirigida por Mario Jara, cineasta chileno y protagonizada por Olaia Pazos.

Esta película nos muestra a Inés, una mujer que deja repentinamente de lado sus sueños de ser cantante y guitarrista (no porque realmente quiera, sino por cosas del destino y el fracaso), se convierte en indigente y comienza a vagar sin rumbo por las calles de Madrid. 

Una dirección de imagen que optó por la ausencia de color en todas las tomas, con 1 hora 36 minutos de duración, pocos diálogos, un par de personajes sin importancia, sin nombre, que transitan de aquí para allá y con el foco exclusivamente puesto en Inés, este filme nos hace acompañarla, siempre de lejos, en un paseo sinsentido por calles ruidosas y repletas de personas que hablan mucho pero no dicen nada y que miran pero no ven.  

La trayectoria narrativa de la película va desde el primer día de esta mujer en la calle, hasta quién sabe cuál. La vemos, en principio, armada con una mochila, una guitarra y, posteriormente, con una pistola, buscar un lugar donde pernoctar, algún baño público donde lavar sus axilas y alguna cafetería que le sirva solo un café con leche, siempre y cuando las pocas monedas se lo permitan. Pero, con el pasar de los días, la búsqueda por mantener una rutina en esas condiciones pierde el sentido.

La acompañamos silenciosamente en un camino donde su dignidad la va abandonando, lento pero seguro,  tal como lo hace la carne de sus piernas que le va desajustando los jeans y la carne de sus mejillas que le va marcando los pómulos.

En términos generales, es una película interesante, cruda en su mutismo, con escenas largas y silenciosas, que dice y muestra poco, pero que en el fondo articula un violento grito ahogado sobre la pérdida del yo, la dignidad y la cordura.

Esta cinta nos vuelve espectadores de una estética de la violencia, una violencia silenciosa que se alimenta del desamparo constante que se vuelve costumbre, que se vuelve norma.

Tres seis cinco es el claro ejemplo de que cuando todo es todo, entonces, en realidad, es nada. 

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